Carta abierta de la participación de D. José Rodríguez Palanco, socio de ASPACE (Asociación Granadina de Atención a Personas con Parálisis Cerebral)
Durante esta semana se están realizando diferentes actividades organizadas por el Grupo de Trabajo de Accesibilidad del COAAT de Granada, con motivo de la celebración de la Semana de la Accesibilidad, un encuentro para la sensibilización y acción, para avanzar hacia una sociedad más inclusiva y accesible para todas las personas.
Entre las actividades que se están celebrando, destacamos:
- Concurso y exposición de fotografías.
- Edición de la revista Alzada n.º 128 monográfico de accesibilidad.
- Jornada “La accesibilidad, un compromiso de la Arquitectura Técnica con la sociedad”.
Fruto de la mesa de debate: “La igualdad de oportunidades ¿para cuando?», queremos compartir la carta abierta de la participación de D. José Rodríguez Palanco, socio de ASPACE (Asociación Granadina de Atención a Personas con Parálisis Cerebral), que reproducimos a continuación:
“Buenas tardes señoras y señores.
Antes de nada, gracias por dedicarme un rato de su tiempo.
Mi nombre es José Rodríguez Palanco, Socio de Aspace Granada y colaborador a tiempo parcial, colaboro principalmente en dos cosas. Conseguir detalles y/o colaboración para dos eventos. La carrera benéfica de Aspace Granada, celebrada en septiembre, octubre y lo mismo para la cena benéfica celebrada en mayo, junio. Vengo ahora en calidad de ciudadano de a pie, o a rueda, según se mire. Hoy estoy aquí para compartir algo más que una experiencia personal. Quiero compartir una forma distinta de mirar la ciudad que recorremos cada día.
A menudo caminamos por una calle, entramos en un edificio o cruzamos una plaza sin pensar demasiado en ello. Lo hacemos de manera automática. Pero no todas las personas vivimos esos espacios de la misma forma.
Yo utilizo una silla de ruedas y, a lo largo de mi vida, he aprendido que una ciudad puede ser acogedora o puede convertirse en una carrera de obstáculos. A veces la diferencia está en detalles tan pequeños que pasan desapercibidos para la mayoría de la gente.
Por eso me hace especial ilusión estar hoy aquí con vosotros. Porque muchos seréis los profesionales que diseñarán, construirán y transformarán los espacios del futuro. Y porque detrás de cada plano, cada obra y cada decisión técnica hay algo mucho más importante: las personas que van a utilizar esos espacios.
ACCESIBILIDAD: CUANDO UN PLANO SE CONVIERTE EN UNA BARRERA.
Quiero contaros una experiencia personal que ocurrió hace diecisiete años, pero que sigue siendo plenamente actual.
Aquel día salí de casa con la intención de llegar hasta la calle Alhamar. Un recorrido normal para la mayoría de las personas. Para mí, usuario de silla de ruedas, terminó siendo una sucesión de obstáculos.
Me encontré con farolas situadas en medio de las aceras, bordillos rebajados que seguían teniendo altura suficiente para dificultar el paso, itinerarios inseguros y obras que no contemplaban alternativas accesibles.
Al llegar a la Ribera del Violón, junto al Palacio de Congresos, las obras habían dejado un paso provisional de tierra para los peatones. El terreno era irregular y estaba lleno de baches. Un pequeño desnivel, prácticamente insignificante para quien camina, provocó que perdiera el control de la silla y acabara en el suelo.
La caída me costó seis puntos de sutura en la nariz.
Tuve suerte. La silla no me cayó encima y una persona se detuvo para ayudarme.
¿Por qué les cuento esto?
Porque ninguno de aquellos obstáculos era inevitable.
No fueron consecuencia de un terremoto, una inundación o una catástrofe natural. Fueron el resultado de decisiones humanas. Alguien decidió dónde colocar una farola. Alguien diseñó un rebaje de bordillo. Alguien aprobó un itinerario provisional durante unas obras. Alguien supervisó esos trabajos y consideró que eran aceptables.
Y eso es precisamente lo que quiero trasladaros hoy.
Vosotros seréis los profesionales que diseñarán, ejecutarán y supervisarán muchos de los espacios que utilizaremos en el futuro. Cada detalle que aparezca en un plano tendrá consecuencias reales en la vida de las personas.
A veces hablamos de accesibilidad como si fuera una exigencia administrativa o un apartado más de la normativa. Pero la accesibilidad no es un trámite. Es la diferencia entre poder entrar o no en un edificio. Entre poder desplazarse con autonomía o depender de otra persona. Entre participar plenamente en la vida social o quedar excluido.
Cuando una rampa tiene demasiada pendiente, alguien deja de poder utilizarla.
Cuando una acera es demasiado estrecha, alguien queda bloqueado.
Cuando una obra no prevé un recorrido accesible alternativo, alguien puede verse obligado a circular entre coches o, como me ocurrió a mí, acabar en el suelo.
La buena arquitectura técnica no consiste únicamente en construir edificios sólidos o ejecutar obras correctamente. También consiste en comprender que detrás de cada medida, cada pendiente y cada detalle constructivo hay personas reales.
Han pasado diecisiete años desde aquella caída.
Granada ha mejorado en muchos aspectos, pero todavía siguen existiendo barreras que podrían evitarse con una planificación más sensible y un mayor compromiso con la accesibilidad universal.
Por eso os pediría una cosa: cuando proyectéis, calculéis o superviséis una obra, no penséis únicamente en el cumplimiento de una norma.
Pensad en las personas.
Porque una ciudad verdaderamente bien construida no es la que impresiona en una fotografía o en una memoria técnica.
Es la que permite que todos podamos recorrerla con seguridad, autonomía y dignidad.
No os pido que diseñéis ciudades perfectas.
Os pido que diseñéis ciudades donde nadie tenga que jugarse el tipo para ir de un sitio a otro.
Porque la accesibilidad no es una concesión, ni un favor, ni un extra.
Es la forma más sencilla de medir si una ciudad está pensada para todos o solo para algunos.
El día que una persona en silla de ruedas, muletas, bastón o andador pueda recorrer Granada sin miedo, sin obstáculos absurdos y sin depender de la suerte, ese día habremos hecho las cosas bien.
Y buena parte de esa responsabilidad estará en vuestras manos.
Cuando salgáis de aquí y recorráis Granada esta tarde, os invito a mirar la ciudad con otros ojos.
Tal vez descubráis barreras que nunca habíais visto.
Y si ocurre eso, esta charla habrá merecido la pena…
Muchas gracias.